Aquella mañana de abril (homenaje a los héroes de Chernobyl)
Hoy ha pasado algo muy raro. Me han felicitado dos personas por un poema que escribí en 2011 para homenajear a los 3 hombres que vaciaron manualmente las piscinas de los reactores de Chernobyl, sacrificando su vida de forma consciente (como la gran mayoría de los "liquidadores" que fueron movilizados). Todos aquellos fueron héroes que sin ningún tipo de duda salvaron a la humanidad aquel día aciago. Lo repito aquí: 

Aquella mañana de abril (a los héroes de Chernobyl)

Aquella mañana,
era una mañana de abril,
apuraron el vodka los tres.
No faltaron pasos adelante,
pero tres eran suficientes
para el mar de plástico.
A la hora de la muerte
ya caminaban por el vientre
de plomo fundido,
entre los últimos días de Pompeya.
Antes de entrar
ya estaban muertos.
Cada respiración asistida
acercaba el residuo,
residuo de bala de plata
que mata al lobo y al hombre.
En el desierto férrico,
la distopia se desmelenaba,
y los tres,
sin rostro,
como relojeros entre ruedas dentadas,
revivían un mundo Lázaro,
un cuerpo agonizante y fluorescente,
y oxidado.
Eran tres,
pero eran muchos,
pues eran todos,
y con botas de goma
se inmolaron,
pecho abierto hacia el ocaso.
Hijos de la mitología de un dios menor,
héroes casi griegos y sin nombre
en la soviética estepa libertaria.
Solo eran tres,
y ni los cuervos se reían a su paso,
hasta la muerte sufrió un nudo en la garganta,
pues vio al hijo del hombre hacerse inmenso,
titánico a la hora del silencio.
Y silencio sobraba,
silencio de incoherencia atronadora
para tres hombres con piel de astronauta.
Aquella mañana,
era una mañana de abril,
apuraron el vodka los tres.
No faltaron pasos adelante,
pero tres eran suficientes
para el cielo de ceniza de plutonio.
Ángel Codón Ramos, 2011 

Nueva web personal
Hola a todos. Hacía algún tiempo que no me pasaba por aquí, ya que he estado (y sigo estando) bastante ocupado, pero la ocasión lo merece. Acabo de colgar lo que es la beta de mi nueva web personal. Y este blog servirá de blog oficial a la misma.

El show de la Oveja Negra, un cómic de humor negro
¡Vaya, hace tiempo que no pasaba por aquí! En esta ocasión os invito a conocer un nuevo proyecto que he creado con el dibujante Sergio "Sirelion" Cabanillas. Se trata de un web-cómic de viéñetas y tiras cómicas con algo de mala leche y mucha incorrección política llamado El Show de la Oveja Negra.

No apto para todo el mundo...

La noche americana
Os presento un relato del libro de relatos de temática hard boiled y noire en el que estoy trabajando. Es muy cortito y se llama "La noche americana". A ver qué os parece...


La noche americana

­            La condensación formó una gota que cayó desde la cañería. No era la primera, ni sería la última.
            —Dicen que no escuchas la bala —dijo el Gordo.
            —¿Qué? —preguntó Carlo.
            —La bala que te mata —el Gordo se limpió la frente de sudor. No se había quitado el abrigo, a pesar del calor que hacía en el sótano—. Dicen que no se puede escuchar.
            —¿Quién dice eso? —Carlo tampoco se había quitado el abrigo, ni siquiera el sombrero ni los guantes de piel, pero él parecía un témpano con un fino bigote.
            —La gente, ya sabes, en la calle. Todo el mundo lo dice.
            —Tonterías. Aunque supongo que si te disparan desde corta distancia y te dan en la cabeza, tal vez no te de tiempo a escuchar nada.
            —No, esa no es la idea. Creo que aunque no te mate en el acto, la bala que termina matándote no produce ningún sonido, al menos para el que la recibe. Es algo filosófico, imagino.
            —Creo que es una estupidez, Gordo. Dices muchas tonterías.
            —Será cosa de la edad —respondió el Gordo, riendo, mientras se agachaba con extrema dificultad para atarse el cordón de un zapato.
            Con suma tranquilidad, Carlo se levantó de la silla, deslizó su mano derecha dentro del abrigo, y sacó su Colt 1911. Disparó a un palmo de la nuca del Gordo, que tardó más de 30 segundos en desplomarse sobre el suelo, resbalando desde la silla como un saco de patatas medio vacío.
            Con una última mirada, Carlo se preguntó si el Gordo había escuchado esa bala. Tiene gracia, pensó, pero no sonrió.

            Carlo caminaba tranquilamente por la calle. Sin acelerar el paso. Solo le faltaba silbar, pero era noche cerrada y decidió no hacerlo. Hacía frío en la calle, sobre todo teniendo en cuenta el calor de aquel maldito sótano que acababa de abandonar. No había ni un alma por la zona del puerto. Esa noche no trabajaban ni las putas, ni los marineros, solo los asesinos.
            Carlo giró la esquina y se detuvo bajo una farola rota. Se giró, creyendo escuchar algo. Guardó silencio, pero no percibió ningún ruido ajeno al extraño silencio sonoro de la ciudad. Carlo sonrió, moviendo el estrecho bigotillo y colocándolo de forma oblicua. La ciudad se mostraba ante él como si ésta se encontrara tras un filtro azul, lejana y quieta.
            Carlo deslizó la mano hacia su pitillera. Se colocó el cigarrillo entre los labios, fue a encender el mechero, que


(No es una errata, este relato termina de forma abrupta)
Me entrevistan en la revista EnCubierta
Ayer lunes, 3 de septiembre, se publicó en la revista EnCubierta la entrevista que me realizaron acerca del cine y su relación con (e influencia en) la cultura popular, centrando buena parte de la misma en la relación entre cine y videojuegos.

Aquí tenéis el enlace: pincha aquí para ver la entrevista.

Todo esto se saca a colación a cuasa de mi libro de 2009 CinemaPop: el cine y la cultura popular. Lo podéis encontrar en formato ebook en Amazon.